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Extraterrestres alternativos
La búsqueda de nuevos mundos
La NASA y el Programa SETI
La zona habitable
El surgimiento de la vida
Extraterrestres en la ciencia ficción I
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Extraterrestres alternativos
Cálculos computados de frecuencias SETI de inteligencia extraterrestre.
La NASA y el Programa SETI

Echemos una mirada a cómo los expertos científicos han estado intentando descubrir, durante las décadas pasadas, si los seres humanos estamos realmente solos en el universo.

La primera búsqueda de inteligencia artificial en otras partes del universo comenzó en 1959. Giuseppi Cocconi y Philip Morrison de la Universidad de Cornell, propusieron en un artículo publicado que el uso de la región de microondas del espectro electromagnético era lo mejor para la comunicación interestelar, ya que las señales en este espectro pueden viajar distancias muy largas. Ellos suponían que, probablemente, los extraterrestres usarían una frecuencia “universal” para sus transmisiones –la frecuencia de 1420 MHz que sugirieron, es hasta nuestros días la de uso más popular en los proyectos SETI.

Por ese tiempo, el joven astrónomo Frank Drake utilizó la antena de 85 pies de West Virginia para realizar la primera búsqueda de señales extraterrestres, en un proyecto llamado “Proyecto Ozma”. Los miembros del personal del Observatorio Nacional de Radioastronomía de Green Bank, West Virginia, también habían elegido la región de microondas del espectro, y se posaron sobre la misma frecuencia que Cocconi y Morrison habían elegido -1420MHz. Esta frecuencia correspondía a una longitud de onda de 21 cm, similar a donde los átomos neutros de hidrógeno, emiten periódicamente un fotón –Drake pensó que cualquier extraterrestre que deseara atraer la atención, se asociaría con el átomo más abundante del universo. El “Proyecto Ozma” empezó el 8 de abril de 1960, buscando las dos estrellas similares al sol más cercanas a Epsilon Eridani y Tau Ceti durante casi un mes. Aunque con el tiempo la búsqueda resultó infructuosa, el “Proyecto Ozma” se convirtió en el modelo para la mayoría de los proyectos de SETI. Más tarde Drake desarrolló la famosa Ecuación de Drake, que intenta estimar el número de civilizaciones extraterrestres existentes en nuestra galaxia, con las cuales podríamos hacer contacto. Esto permitió a los científicos, cuantificar la incertidumbre de los factores que determinan el número de civilizaciones extraterrestres.

En la década de 1970, la Administración Nacional Aeronáutica y Espacial (NASA) comenzó a interesarse en SETI. Bernard Oliver, un experto en electrónica de Hewlett Packard y un abogado principal de SETI, que posteriormente se convirtió en jefe del programa SETI de la NASA, co-desarrollaron durante los años ochenta, el ambicioso “Proyecto Cíclopes”. Este plan fue llamado así debido al bosque de casi mil antenas parabólicas de 100 metros cada una, que ocuparía un área de alrededor de 10 kilómetros de diámetro, y sería utilizado para hacer un barrido del cielo en busca de señales extraterrestres. El proyecto nunca se dió –ya que requería una inversión de 10 billones de dólares, que era mucho más de lo que la NASA quería o podía autorizar.

En los años posteriores, Oliver agregó otra frecuencia de búsqueda -1662 KHz. Esta era la frecuencia de emisión de otra molécula muy común, OH o hidroxil. El hidrógeno y el hidroxil se combinan para formar el H2O –o agua- el componente básico de la vida. Oliver creía que la banda entre 1662 KHz y 1420 MHz, contenía la extraordinaria promesa de detectar señales extraterrestres. Nombró a esta banda en torno a la frecuencia de emisión del hidrógeno como el “agujero de agua” y, de allí en adelante, las búsquedas del SETI se concentraron en esta estrecha amplitud de frecuencias.

Los rusos también han desarrollado su propio programa SETI, que fue inicialmente modelado siguiendo los trabajos de Cocconi, Morrison y Drake. Sin embargo, Nicolai Kardashev, del Instituto Sternberg de Moscú creó una estructura para SETI, que demostró mucha más imaginación que la de los norteamericanos. Propuso la clasificación de civilizaciones en tres categorías. Las Civilizaciones del Tipo I –dentro de la cual estaba la Tierra- tenían niveles de tecnología que dominaban la energía desde la incidencia de su estrella sobre su planeta. Las civilizaciones del Tipo II eran capaces de aprovechar toda la energía de su estrella, mientras que las del Tipo III, podrían utilizar energías sobre la escala de sus propias galaxias. Kardashev argumentó que era mucho más práctico identificar las civilizaciones de Tipo II y III, en oposición al acercamiento de los estadounidenses de buscar las del Tipo I.

Mientras que las búsquedas del SETI habían sido sobre todo asuntos modestos, en 1992 la NASA lanzó el mayor programa SETI jamás emprendido. La NASA adoptó un acercamiento a dos puntas –su Ames Research Center tendría como objetivo 1000 estrellas similares a nuestro sol y las observarían, mientras que el Jet Propulsion Laboratory realizaría una búsqueda en todo el cielo. Trágicamente, el Congreso de los Estados Unidos, canceló la financiación del proyecto a poco menos de un año.

Esta búsqueda dirigida fue más tarde rescatada y resucitada como el Proyecto Phoenix del Instituo SETI, una organización financiada en forma privada, fundada para conducir y patrocinar la investigación SETI y la vida en el universo, y que continúa buscando señales extraterrestres. A diferencia del Instituto SETI, que concentra sus esfuerzos en la búsqueda dentro de un área altamente sofisticada, la Planetary Society apoya varias iniciativas SETI experimentando con diferentes técnicas y, en su mayoría, siguiendo la búsqueda en todo el cielo que fuera previamente adoptada por el Laboratorio de Propulsión a Reacción. A pesar de los primeros contratiempos junto a la NASA, todavía hoy el programa SETI se encuentra bien y realmente vivo.

Imágenes ® DNI, Associated Press