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Por “problemas técnicos” Buster volvió con una mano menos y obligó a a Jamie a ponerse el traje de buzo y a pegarles él en persona a los tiburones. El resultado: puede ser que esos golpecitos los distraigan, pero no se puede predecir que le vayan a salvar la vida a una persona.
Para el final se dejaron la carga explosiva. Adam armó un prototipo de cabeza de tiburón en telgopor, y le insertaron el tanque de oxígeno.
El autor del libro Jaws en que se basó Spielberg para su película, Peter Benchley, hizo morir al tiburón arponeado por Quint, y dicen que siempre le pareció poco plausible la versión del tanque explosivo que ideó el director. Para eso están los cazadores de mitos, verdad? Lo que descubrieron fue que los tanques de oxígeno que usan los buzos son como bombas, cada cilindro tiene suficiente aire como para llenar una cabina telefónica y ese aire está guardado a una presión enorme. Pero también descubrieron que los tanques son muy seguros y que no van a explotar al menos que uno les haga algo muy radical. Con ayuda de Frank Dolie Jr., del FBI, Adam y Jamie hicieron volar espectacularmente el tanque por los aires en una base naval en desuso. ¿El veredicto? Es posible. Y, al parecer, muy entretenido de corroborar. Página 1 | 2
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