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Los mitos urbanos
El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung se maravillaba de la similitud entre los sueños de sus pacientes y los mitos de muy diversas culturas, que además parecían ser muy similares entre sí, no obstante la falta de contacto histórico entre las culturas que los generaban.
Jung explicaba este fenómeno con la teoría del inconsciente colectivo. Del mismo modo en que todos los seres humanos tienen una estructura anatómica idéntica independientemente de su etnia y cultura, según su teoría los seres humanos tendríamos también una estructura psíquica inconsciente similar, o sea, un inconsciente colectivo.
Muchas de las leyendas urbanas, como la de los lobisones, los vampiros o el más contemporáneo “chotacabras”, quizás entren de algún modo en este esquema. Claro que los mitos urbanos que recrean Jamie y Adam por deporte, curiosidad y diversión no siempre tienen que ver con la profundidad del inconsciente y sí, en muchos casos, con la inconsciencia de repetir sin pensar cualquier cosa que nos cuentan.
Igual, la creencia popular necesita de dos actores, el que transmite el cuento y el que lo reproduce. Estas teorías, algunas de ellas descabellas a todas luces, otras un poco más plausibles, son cosas que quizás sucedieron o puedan llegar a ocurrir, pero donde hay un testigo directo del suceso.
El mito urbano sucede en una dimensión paralela en que hasta lo improbable es considerado verosímil. Es muy difícil rastrear el origen de estas leyendas. Algunas de ellas probablemente fueron inventadas con alguna intención, la mayoría son historias que se repiten con tanto convencimiento que la teoría sigue ganando adeptos.
Ese es, más allá del espíritu de entretenimiento con el que han encarado su propuesta, el gran mérito del show “Cazadores de Mitos”. Por una vez, un par de seres humanos decide probar, empíricamente, la verosimilitud de ciertos entendidos.
Por ejemplo, se ha dicho hasta el cansancio que a tal o cual persona una Biblia en el bolsillo le ha detenido una bala, salvándole la vida. El duo demostrará que eso es imposible, que por más tapa dura que posea, no existe el libro... ni el encendedor Zippo, como dice otra variación de la misma creencia, que pueda parar una bala.
Ahora bien, la pregunta es por qué muchas de estas creencias se transforman en relatos creíbles. Como demuestran Hyneman y Savage en acción, algunos de estos mitos tienen su elemento plausible. Aunque la mayoría, huelga decir, termina en la fila de los mitos desmitificados.
Será que para materializar lo invisible, como dicen los expertos en el tema, el mito debe ser usado socialmente: debe servir para crear un universo simbólico, para habitarlo y, desde ahí, relacionarse con el mundo. Cuando se desgasta un mito, aseguran, siempre se renueva. Un mito podrá resistir toda lógica, pero uno siempre le da el beneficio de la duda. Y eso sólo puede significar una cosa: que los “Cazadores de Mitos” ¡tienen su futuro asegurado!
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