Este episodio sigue de cerca los nueve meses de gestación de un ser humano. Aproximadamente veinte horas después de la concepción, la nueva célula comienza a duplicarse a si misma. Aparecen las primeras órdenes específicas para producir cada órgano y las características que nos hacen únicos. Apenas un mes más tarde, el embrión es del tamaño de un grano de arroz. Se adivina el corazón y la espina dorsal. A las ocho semanas ya es un feto con brazos y piernas visibles y a los tres meses alcanza el tamaño de una avellana. Un corazón diminuto ya es el encargado de bombear sangre y nutrientes al cuerpo principal durante todo el embarazo. De esta manera comienza una historia de la que todos nosotros hemos sido protagonistas.
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