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Adultos y diferentes

Los llamados “caracteres sexuales secundarios” son aquellas diferencias que, no siendo estrictamente referidas a los órganos reproductivos, hacen a las características propias de los sexos. Las formas redondeadas que provoca el ensanchamiento de las caderas y muslos en la mujer es un buen ejemplo de ello. Esto hace que el cuerpo de ellas contenga hasta un 10% más de tejido graso en promedio, lo cual supone un depósito de energía para la difícil tarea de la gestación. El ensanchamiento de la pelvis responde a un mayor espacio por el cual debe pasar el bebé durante el parto.

En los varones habrá un mayor desarrollo muscular, con un ensanchamiento de la espalda y fuertes brazos y piernas. La menor proporción de tejido graso hace más evidente esta musculatura, que se advierte a través de un tejido subcutáneo más magro. Como consecuencia, también los huesos del hombre se hacen más sólidos, para balancear este incremento de pesado tejido muscular. La razón evolutiva de esta característica puede hallarse en la distribución histórica de las tareas, que hacía a la mujer permanecer largos periodos embarazada mientras el varón debía proveer el sustento y brindar protección contra enemigos y predadores.

Pero ¿cómo funciona todo esto a nivel químico? Las hormonas sexuales son secretadas por las glándulas sexuales. Los ovarios femeninos liberan estrógeno y progesterona y los testículos la testosterona. Pero ellos necesitan la orden que proviene del cerebro y que sigue también un código químico a través de otras hormonas. El hipotálamo produce una importante sustancia llamada “factor de liberación de la gonadotropina”, que da la orden a la hipófisis para que libere otras dos hormonas: luteinizante y foliculoestimulante. Estas llegan a través de la sangre a las glándulas sexuales para estimular su producción en el momento adecuado y en la cantidad necesaria.

Procesos diferentes hacen que a partir de aproximadamente los 12 años, los púberes comiencen a producir células sexuales. Ellas comenzarán a ovular en ciclos de 28 días. Se conoce como “menarca” al primer sangrado menstrual. Ellos, en cambio, estarán estimulados hormonalmente para contar en forma permanente con espermatozoides listos para la fecundación.

Fotos: DCI

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