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El inicio de la vida
Ya dentro de la trompa, muy cerca del ovario, unos pocos espermatozoides alcanzan su precioso destino, adhiriéndose a la gruesa capa que recubre al ovulo. De ellos, normalmente uno solo puede penetrar esa coraza y, finalmente, fundir el contenido de su cabeza con el material genético de la mujer, produciendo por fin la fertilización.
Vale aclarar que en condiciones normales, de los procesos llegados a esta etapa, sólo 1 de cada 5 llegará a completar el proceso es decir al embarazo. A esto se lo podría denominar “probabilidad de embarazo espontáneo”, que para la especie humana es de un 20% en promedio. Este promedio puede disminuir con la edad de la mujer y con algunos problemas.
Durante las siguientes dos semanas se le denomina pre-embrión, y sus tarea son comenzar a dividirse a sí mismo, primero en dos células, luego en cuatro, ocho, dieciséis, etc. Mientras tanto deberá descender por la trompa para poder alcanzar lo que será su hogar por los siguientes 8 meses y medio: el útero. Una vez en él, el pre-embrión se implanta en la pared del órgano uterino y se comienzan a desarrollar por un lado al bebé y por el otro a la placenta, que lo comunicará con su madre para nutrirlo y darle todo lo que necesita para crecer.
Ya podemos, ahora si, hablar de un embrión humano con todas las posibilidades de desarrollarse y llegar a ser un niño o una niña fuerte y saludable.
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