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Diarios de Anatomía

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El sexo por dentro

Cuando nuestro sistema límbico determina que una sensación es ”sexy”, una señal de alerta viaja a través del sistema nervioso llegando no sólo a las zonas erógenas, sino a todo el cuerpo. La frecuencia cardiaca se incrementa y cambia el ritmo de la respiración. Se eleva la presión sanguínea y la tensión en todo el sistema muscular aumenta.

La sangre fluye en gran cantidad hacia los órganos sexuales. El miembro viril del hombre aumenta de tamaño a consecuencia de este gran flujo de sangre a los cuerpos cavernosos del pene. El óxido nítrico liberado hace que el endotelio se relaje y haga posible la expansión del los vasos sanguíneos. Un gran volumen de sangre ingresa y el pene aumenta su tamaño y turgencia.

En la mujer, los labios de la vagina aumentan su tamaño y el clítoris experimenta una especie de erección gracias al incremento del flujo sanguíneo. El monte de Venus también recibe mayor cantidad de sangre y hace de almohadilla para el hueso púbico.

En cuanto al estado de conciencia, podemos incrementar admirablemente el poder de concentración, aun hasta el punto en que prácticamente desaparecen los elementos que nos rodean.

Las hormonas sexuales, testosterona en el hombre y estrógenos en la mujer, son liberados en mayor cantidad durante la excitación, acompañadas por la adrenalina, la misma que actúa en situaciones de máxima alerta. La oxitocina, hormona de inmensa importancia durante el parto, interviene también durante una relación sexual. En la mujer provoca la contracción de las paredes del útero, que inicia una especie de succión que ayuda al semen a llegar a destino.

Otra hormona, la serotonina, es la encargada del estado de ánimo, en estados depresivos se registran niveles bajos de serotonina.

Y aquí tenemos una hormona encargada de hacernos sentir placer: la endorfina. Cuando nos acercamos al orgasmo el nivel de las endorfinas llega a su punto más alto.

Luego del orgasmo o clímax sexual el cuerpo logra una completa e incomparable relajación.

Fotos: DCI