Sacerdote custodiando la entrada a la habitación de una momia.
A diferencia de los sacerdotes modernos, los egipcios no se mezclaban con el pueblo ni interferían en sus vidas –los templos ni siquiera estaban abiertos al público. Su función era la de servir a los dioses, realizando los rituales diarios del templo que consistían en despertarlos y enviarlos a su descanso. Se vestían de blanco, tenían sus cabezas afeitadas y debían estar limpios en todo momento. Además cumplían la función de administradores del estado –la fuente de su poder. En compensación, ellos eran pagados con una ración diaria de comida (ya que los dioses comían las “ofrendas” sólo metafóricamente). El sacerdocio era un trabajo de medio tiempo y servían uno de cada tres meses. Los sacerdotes estaban bien educados y dedicaban el resto de su tiempo a otras profesiones, como la medicina y el derecho.