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Discovery Channel

En el hoyo

Entrevista a Juan Carlos Rulfo, director de “En el hoyo”

El cineasta y documentalista Juan Carlos Rulfo dedica su vida a contar historias de “la gente”. Además de ser el director del documental “En el hoyo”, es  un referente clave del género documental en México.

¿Por qué se decidió a realizar este documental?

El documental está basado en las memorias de las ciudades. Unas ciudades que cambian y se van construyendo sin que nos demos cuenta. Ciudad de México, sin embargo, es tan grande que los temas se pierden.
Además, siempre estuve buscando un pretexto para hablar de la gente y de su forma de comunicarse. Finalmente, encontré un punto en donde se combina todo: los albañiles, los personajes más emblemáticos de la ciudad, trabajando en una obra de dimensiones impresionantes como el segundo piso del Periférico.

Los obreros son gente que viene del campo, que nunca pierde la esencia, que tiene un manejo del idioma muy directo. Esta es una historia llena de contrastes dramáticos, de personas que vienen de la ciudad al campo. Esta es una historia sobre el idioma, sobre la forma de vivir de la gente.

¿Por qué eligió el segundo piso del Periférico como obra?

El lugar estaba casi enfrente de mi hogar, a unos 100 metros de mi casa. Entonces, comenzaron a llegar miles de obreros y la gente no paraba de hablar de la dimensión de la obra que se iba a realizar. Estamos hablando de un segundo piso en la ciudad. Era la primera gran obra vial de la ciudad, algo difícil de imaginar. Fue así como encontré el pretexto para hablar de lo que siempre quise: de la gente.

Una leyenda mexicana  cuenta que por cada puente que se fabrica, el diablo reclama un alma para que el puente nunca se caiga. ¿Las creencias y mitos son un elemento central en este filme?

Este fue uno de los pretextos que disparó toda la película. Se necesita un trasfondo, un cuento, un mito, una gran leyenda para comenzar a rodar un filme. Se dice también que cada columna reclama una vida y en esta obra iban a construirse 800 columnas… Imagínate cuántas almas son. La película no hubiera sido la misma si sólo hubiese sido una crónica de la vida de los personajes. Y encontramos a un personaje llamado Natividad, que ve ánimas, ve fantasmas, ve dioses, ve al diablo. Es un personaje que enriquece mucho a la película y que le da un toque fantástico al filme.

Recién hablamos del lugar que ocupa la muerte en la película, pero ésta es una historia de vidas ¿no es así?

En la mitología mexicana, en la mente del mexicano, la muerte no existe como una tragedia. Cuando estás con el habla popular, todo se vuelve más fantástico. Y ese es un elemento que extraña a los ojos extranjeros y le da mucha presencia al país. Vale la pena aprovecharlo, pero sin que parezca folklore. Para la gente, primero están las cosas básicas –comer, dormir, amar- y después todo lo demás, incluyendo la muerte.

¿Se puede decir que "El Hoyo" es una historia que habla de México?

Básicamente, es una película sobre el espíritu mexicano, sobre esta mezcla urbana. Sobre la clase trabajadora en la gran ciudad. Porque a pesar de ser un mismo país, la parte urbana ignora a gran parte de los habitantes mexicanos y los subestiman. Digamos que esta película también es una reivindicación de una mayoría mexicana que hace funcionar al país, pero que muchas veces se ignora. Sin lugar a dudas, es una historia de México. Hay muchas cosas para mostrar en este país.

¿Cómo reaccionaron los personajes (los obreros) al ver la película?

Se la pasaron bien. Lo más extraño fue que al terminar la película, la otra gente que había en la sala quería platicar con ellos una vez convertidos en protagonistas. Querían saber más sobre ellos, como si fuera una especie de zoológico.
Es curioso. Para ellos las historias que contaban eran muy normales. Obviamente, no se asombraron con sus propias historias, aunque la demás gente sí. A ellos lo único que les importaba era si faltaba alguna parte de lo que habían dicho y te decían: “no está lo de fulano de tal”, “yo tenía más para decir…”. Para nosotros fue todo un descubrimiento y es muy pequeño lo que logramos captar.

Después de terminar el documental, ¿cuál es el mayor aprendizaje que obtuvo tanto a nivel personal como profesional?

Me di cuenta que es importante permitir que las cosas sucedan, dejar que las cosas sucedan. Aprendí a escuchar y eso cuesta mucho trabajo. “Cuando se trata de un documental, uno no sabe cómo van a ocurrir las cosas y no se puede orientar a buscar determinadas historias, aunque parta de determinadas pautas. Hay que permitir que las cosas sucedan, abrirse a la gente. Uno está en un estado de inconciencia y no sabe a dónde te puede llevar”. Pero, sobre todo, y aunque suene un poco cliché, hice grandes amigos, amistades que si uno las cuida pueden perdurar. El trabajo es eso.

Imágenes copyright © DCL