Todos estamos al tanto de que la leche es esa secreción blanquecina que producen las glándulas mamarias de las hembras de los mamíferos para nutrir a sus hijos. Justamente por ello reciben (y recibimos) el nombre de mamíferos.
Pero la leche tiene otras muchas funciones además de alimentar, como por ejemplo proteger de toxinas y agentes patógenos; y regular el metabolismo de la glucosa y de la insulina para de ese modo brindar energía.
Aunque está considerada el proveedor principal, la vaca no es el único productor de leche del mundo. También se consume la leche de oveja, cabra, camello, búfalo, llama, alpaca, reno y otros animales, ya sea para beber directamente o para elaborar quesos, manteca, yogur, etc.
En las estepas de Asia Central se ordeña leche de yegua para obtener el kumis, un derivado fermentado que finalmente se convierte en una bebida alcohólica, con sólo el 3% de alcohol. Se calcula que en Rusia existen más de 200.000 hembras de equinos dedicadas a su producción. Por su parte, la leche de cebra se ha consagrado últimamente como un sofisticado alimento gourmet.
A pesar de no ser mamíferos, algunas aves como los pelícanos mastican los alimentos hasta producir una especie de "leche de buche" con la que alimentan a sus polluelos. Comparada con la leche de los mamíferos, algunos científicos encuentran más semejanzas que diferencias.