Tal vez fue una naranja, o un coco, o quién sabe qué extinguido fruto de forma esférica. La cuestión es que cayó de su planta, rodó por un suelo desparejo y despertó la sonrisa de un niño de aquel lejano entonces. El niño empujó con su pie aquella cosa redonda, y descubrió que podía haber mucha diversión en ella. Se lo mostró a sus hermanos, juntos se pusieron a practicar y alguno de ellos, sin saberlo, hizo el primer gol de la historia.
Sí, los juegos con pelota fueron populares en diversas civilizaciones antiguas, y lo son aún más en la actualidad. Hoy el fútbol se ha convertido en una suerte de lenguaje universal: ¿será porque la pelota tiene la misma forma que el planeta?
Lo cierto es que no todos los chicos disponen de un buen balón para jugar, ni del dinero para comprarlo. Haría falta una pelota liviana, resistente, fácil de transportar, que no se pinche, no se rompa, no se deforme, no importa dónde, cuánto o cómo se juegue. Y que pueda llegar a todos los chicos del mundo aunque no puedan pagarla.
Eso pensó Tim Janighen, y ese pensamiento lo llevó a desarrollar el One World Futbol Project. El inteligente y generoso proyecto que este video propone apoyar.
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