Su nombre proviene del latín ventus, que significa "viento", haciendo referencia a la aireación que proporcionan a los espacios cerrados. Esta fue y es una de sus primeras funciones. Otra, obviamente, es permitir la entrada de luz. Pero no es menos importante poder ver lo que sucede afuera. Cómo está el clima, por ejemplo. O saber si quien se acerca es amigo o enemigo...
Hoy es posible cerrarlas para resguardarnos del viento o la lluvia, pero no siempre fue así. Las primeras ventanas eran apenas aberturas en los muros; por razones de ingeniería y de seguridad, bastante pequeñas. Con el transcurrir de los años fueron adoptando marcos, puertas, vidrios, espejos, adornos, cortinas y persianas. Y creciendo en tamaño y cantidad. Así como en maneras de ser abiertas o cerradas: en hoja, en forma corrediza horizontal o vertical, basculantes, etc.
Son indiscutiblemente prácticas, pero no carecen de valor simbólico y artístico. Cada estilo arquitectónico ha definido un tipo de ventana predilecta: las sugestivas ventanas románicas, las inconfundibles ventanas lanceoladas propias del gótico, las decoradísimas ventanas art nouveau. Atractivos especiales de palacios, templos, edificios y toda fachada que quiera diferenciarse del resto.
Para los pintores -Pablo Picasso, Salvador Dalí, Henri Matisse y Marc Chagall entre muchos otros- así como para los fotógrafos -Robert Doisneau o Jane Evelyn Atwood-, las ventanas han resultado irresistibles. Tanto que se han llegado a realizar exposiciones centradas exclusivamente en este tema. Una invitación a abrir nuestras dos ventanitas, los ojos, y admirar esas obras de arte.
Mira más contenido similar aquí
Este contenido requiere Flash Player
Este contenido requiere Flash Player