Un grupo especial de la Fiscalía de Ibagué tomó cartas en el asunto acordonando la zona. A escasos metros se encontraron más restos humanos embolsados. Entre ellos, un brazo y una mano. Se amplió el radio de búsqueda en aproximadamente 20 kilómetros y unos días después aparecieron seis bolsas más con otras extremidades en buen estado de conservación y también algunas prendas de vestir levemente ensangrentadas.
Un grupo interdisciplinario integrado por detectives, médicos forenses y otros expertos puso manos a la obra en la resolución del rompecabezas.
El descuartizamiento se había realizado con una precisión casi quirúrgica y la necropsia arrojó los primeros resultados concretos: la víctima era una mujer, Erika Cecilia Yenneris Gutiérrez.
Sorprendentemente, Erika era la esposa de Joaquín Aldana, Coronel de la Policía y Comandante Operativo del Tolima, un hombre “duro” que había librado batallas sin cuartel contra bandas criminales en varias regiones del país y que ostentaba un historial impecable con más de 400 felicitaciones en su hoja de vida.
El 11 de noviembre de 2009, después de realizarse distintos tipos de pericias en la casa de Aldana y Erika, en su computadora y vehículos, se encontraron varios materiales que comprometían directamente al coronel. Quince días más tarde, el juez ordenó la captura de Aldana como presunto asesino de su esposa, quien al no presentarse fue declarado prófugo.
A mediados de diciembre Aldana se entregó a la justicia. Y a principios de marzo de 2011, un año y un mes después del asesinato, el juez Primero de lo Penal del Circuito de Ibagué, Norberto Ferrer Borja, condenó a Joaquín Aldana Ortiz a 33 años y 9 meses de prisión por el asesinato de su esposa, Erika Cecilia Yeneris Gutiérrez.