Lamparita, bombita, bombilla, ampolleta y foco son distintos nombres para referirse a la lámpara incandescente, el dispositivo más común para producir luz. ¿Cómo lo consigue? Básicamente, el paso de la corriente eléctrica calienta un pequeño filamento de metal volviéndolo luminoso.
El invento se atribuye habitualmente a Edison, quien en 1879 patentó un modelo muy práctico. Sin embargo, hay pruebas de que ya existían lamparitas eléctricas algunas décadas antes, como resultado del trabajo de varios inventores de diferentes países. Parece ser que al primero a quien 'se le encendió la lamparita' fue al alemán Heinrich Göbel en 1854.
La eficiencia de una lamparita eléctrica convencional es muy baja, ya que más del 80 % de la energía consumida termina transformándose en calor y no en luz. Debido a ello, a partir de 1980 están siendo reemplazadas por lámparas compactas fluorescentes (CFL por su sigla en inglés), más conocidas como de luz fría o de bajo consumo. Estos modelos ofrecen más eficacia lumínica con menor energía. Además, su vida útil es mucho mayor y resultan menos contaminantes.
También se suelen llamar lámparas a lo que en realidad son luminarias, es decir, aparatos de mesa, de pie o de techo, que portan lamparitas y que además de facilitarnos luz, sirven como objeto de decoración.