Aunque las botellas de vidrio y de otros materiales son anteriores, la idea de almacenar cerveza o gaseosa en una lata no es nueva. De hecho, la primera lata irrumpió en el mercado de los EE.UU. el 24 de enero de 1935. Era de cerveza, se llamaba "Krueger's Finest Beer" y tenía el cuello y la tapa de rosca, lo que dificultó su despegue comercial. En 1965 apareció la tapa de apertura fácil, que se mantiene aún en vigencia.
Se requieren 10 kilogramos de aluminio para fabricar aproximadamente 600 latas, con la ventaja de que pueden reciclarse una y otra vez. Actualmente unos dos tercios de todas las latas que circulan en el mundo provienen del reciclaje y este porcentaje va en aumento.
Además de lo prácticas y livianas que resultan, las latas ofrecen la ventaja de enfriarse con mayor rapidez. Incluso se ha ideado una lata capaz de enfriarse por sí sola sin necesidad de refrigeración. Aprovechando ingeniosamente un principio de evaporación, esta lata lleva el líquido que contiene a 16,7 grados centígrados en apenas tres minutos. Bautizada con el nombre de I-C-Can ("Instant Cool Can"), sus creadores esperan incorporarla al circuito comercial muy pronto.