Hoy en día las hay de distintos materiales: cristal, acrílico, polimetil metacrilato, etc. Pero cuando se desarrollaron en la Edad Media, hacia el año 1000, eran hechas de cristal de rocas transparentes y piedras semipreciosas pulidas, talladas en forma de media esfera. Es fácil saber para qué servían, ya que comúnmente se denominaban “piedras para leer”.
Aunque rudimentarias, estas lentes proporcionaban aumentos similares a los de las lupas más sofisticadas de la actualidad. Y fueron el punto de partida para el desarrollo de instrumentos ópticos más complejos, como el telescopio, el microscopio y diversos tipos de proyectores.
Roger Bacon, en el año 1266, talló las primeras lentes con forma de lenteja que hoy conocemos. El paso siguiente fue montar estas lentes en un armazón, cosa que ocurrió entre los años 1285 y 1300. Les pusieron un borde de madera, de hierro, de cuero o de plomo. En esta época la lupa era usada tanto por relojeros y joyeros como por mercaderes de tejidos y estudiosos de la naturaleza.
Dada su capacidad de concentrar los rayos solares, los “lentes de quemar” eran utilizados también para encender fuego. Cuando en los laboratorios querían hacer arder sustancias para analizarlas en recipientes cerrados, bastaba fabricar de vidrio esos recipientes y quemar la sustancia en su interior mediante rayos solares concentrados a través de lupas especiales.
Hoy en día, las lupas siguen siendo de gran utilidad, y las hay para todos los gustos: de bolsillo, con mango, plegables, bifocales, manos libres, cuenta hilos, de apoyar, de alta graduación...
Mira más contenido similar aquí
Este contenido requiere Flash Player
Este contenido requiere Flash Player