El diccionario define la ''silla'' como un ''asiento con respaldo, generalmente de cuatro patas, para una sola persona''. Por ello, tendemos a pensar que un objeto tan útil, cómodo y fácil de fabricar debió de utilizarse de manera generalizada en todas las épocas. Sin embargo, no es así. Hasta el siglo XVI, las sillas eran objetos muy escasos, reservados únicamente para los nobles y poderosos. La mayoría de la gente común se conformaba con sentarse en bancos y taburetes, como se puede apreciar en infinidad de representaciones pictóricas medievales.
A pesar de ello, existen registros de sillas desde la época de los egipcios, durante el tercer milenio antes de Cristo. Hechas de marfil o de madera de ébano, mostraban la esplendorosa riqueza de sus poseedores, los gobernantes. Las patas no eran rectas, sino que estaban moldeadas, representando leones, toros y hasta seres humanos que podrían ser esclavos o cautivos. Más adelante, los romanos eligieron el mármol para crear sus sillas ceremoniales, adornadas con esfinges y otros motivos.
En la actualidad, una silla puede ser prácticamente de cualquier material. Para su fabricación se utilizan maderas de todo tipo, hierro, metales, telas y materiales plásticos. Existen sillas inflables, sillas de cartón y sillas específicamente creadas para diversas utilidades. En las oficinas tienden a utilizarse sillas ergonómicas que favorecen la postura del trabajador, aumentando su rendimiento.
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