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El Cazador Más Veloz

Para alimentarse, cazan en forma solitaria o a veces en parejas, acechando manadas de antílopes que pastan en la llanura. Es un animal estepario que se alimenta de rumiantes medianos, prefiriendo las gacelas e impalas. Los guepardos suelen seguir y merodear a los rebaños durante semanas. También puede alimentarse de cebras, ñus o facoqueros (jabalíes). Para esconderse tras las pasturas, se desliza doblando las largas patas de manera que roza el suelo con el vientre, así va desplazándose con sigilo para no ser visto, avanza silenciosamente en contra del viento para no ser olfateado y si advierte que algún animal esta mirando en su dirección, se queda inmóvil y aguarda (su pelaje moteado funciona como camuflaje contrastado con la vegetación) para luego seguir acercándose.

Sus ojos le permiten ver perfectamente en la oscuridad. Los momentos preferidos para capturar a sus presas son el amanecer y el crepúsculo. Cuando sale de cacería los herbívoros tiemblan  paralizados por el terror. En el momento de cazar, utiliza la vista más que el olfato y así elige para la captura al animal más propicio (generalmente hembras encinta, animales enfermos, débiles o lastimados)  al cual persigue y derriba con un zarpazo en las patas o las ancas. Luego sujeta la garganta entre sus fauces, lo mata por asfixia o le fractura las vértebras cervicales.

A diferencia del resto de los félidos, su cuerpo está adaptado para atrapar a sus presas corriendo tras ellas, en cambio los otros gatos suelen esconderse y esperar el momento más adecuado para atacar a sus víctimas. Este fabuloso cazador es el animal terrestre más rápido y llega a alcanzar en distancias cortas una velocidad de 113 km/h. Sin embargo no es capaz de sostener esa velocidad durante una carrera prolongada  y pronto se fatiga.

Aún sin haber comido por varios días desprecian la carroña. Necesitan alimentarse de carne fresca, por eso se ven obligados a comer rápidamente lo que cazan antes de que el excesivo calor de la sabana descomponga la carne o que  las hienas y leones les arrebaten las presas.

Fotos: DCI