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Guerra Ajena

El “sueño americano”

José Gutiérrez, de 22 años, fue uno de los primeros soldados que falleció en Irak. Gutiérrez, criado en las calles de Guatemala, llegó como indocumentado a Estados Unidos después de recorrer 2.000 millas, escondido en un vagón de tren. Pero su odisea todavía no había terminado. Apenas arribado a tierras norteamericanas, se enlistó en los Infantes de Marina con la esperanza de conseguir la residencia en Estados Unidos. Pero, a los pocos meses, su sueño americano terminó con esta guerra.

Aunque la lista de soldados muertos y heridos en campos iraquíes se vaya abultando mes a mes, los hispanos –devenidos en la minoría más numerosa en Estados Unidos- no desisten en su intención de ponerse al servicio de las Fuerzas Armadas norteamericanas.

El incentivo para alistarse no es menor. En julio de 2002, el presidente Bush firmó un decreto por el que se acelera el trámite de adquisición de residencia para los extranjeros indocumentados que presenten servicios en la llamada “guerra contra el terrorismo”.

El permiso de residencia –conocido como “green card”-  está en la mira de la mayoría de los soldados hispanos que se enrolan en el Ejército. Un Ejército que –a su vez- está dirigiendo buena parte de su publicidad al público hispanohablante e, incluso, cuenta con un chat en el que los jóvenes hispanos pueden hablar on-line con sus reclutadores y los padres pueden asesorarse sobre el futuro de sus hijos.

Pero el alistamiento de jóvenes hispanos no es sólo patrimonio de la guerra en Irak.

Desde la época de la Guerra Civil estadounidense, los latinoamericanos o sus descendientes recibieron honores por su participación en nombre de Estados Unidos. Durante la guerra de Vietnam –cuando los hijos de las familias más adineradas se excusaban de enrolarse en el ejército nacional-, los latinos y los negros fueron al frente en cantidades desproporcionadas. Un 20% de las bajas estadounidenses de entonces fueron latinos, aunque sólo constituían un 5% de la población general.

Casi medio siglo después, la historia se repite y la sangre latinoamericana sigue quedando impregnada en arenas lejanas.

Imágenes copyright © DCL