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La época dorada de la navegación europea comenzó cuando finalmente fue aceptado el hecho de que el mundo no era plano, y que el globo podía ser dividido en líneas horizontales de latitud -una ayuda fundamental para los marineros que navegaban las aguas desconocidas del mundo.
Los portugueses –los navegantes más poderosos de la época– fueron los primeros en comprender y explotar completamente la ciencia de las latitudes durante el Siglo XV, y la línea de latitud cero fue calculada desde las islas Madeira en Portugal.
Tanto Cristóbal Colón como Vasco da Gama, habían partido en viajes de descubrimiento hacia la India y las Américas a finales del Siglo XV, y el resto de Europa competía para ponerse al día.
Sir Francis Drake había circunnavegado el planeta en nombre de Inglaterra durante la segunda mitad del Siglo XVI, y su país comenzó una larga escalada hacia la supremacía como líder mundial naval.
Un reloj marítimo confiable, o cronómetro, fue desarrollado finalmente por el británico John Harrison, a mediados del Siglo XVIII. El capitán James Cook pudo entonces partir en sus misiones de exploración del Hemisferio Sur, trazando como resultado un mapa de la costa de Australia, Nueva Zelanda y gran parte del océano Pacífico.
Durante estos cuatro siglos de cambios veloces, el arte de la construcción de barcos evolucionó rápidamente hacia una elaborada tecnología de varias velas, acoplada a timones más firmes y estructuras más resistentes, creando embarcaciones poderosas y rápidas, capaces de recorrer grandes distancias.
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