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El término “Marina Mercante” fue acuñado para describir a la flota mercante perteneciente al Imperio Británico, que abarcaba entonces varios países del mundo incluyendo Australia, Nueva Zelanda, el subcontinente Indio, parte de África, el Lejano Oriente y el Pacífico.
Desde la época dorada de la navegación –cuando se desarrolló el arte de la navegación de precisión y el mundo fue explorado y delimitado– los británicos se expandieron hasta poseer y controlar más de la mitad de la navegación mundial hasta fines del Siglo XX.
El advenimiento de la Segunda Guerra Mundial incrementó la importancia de las flotas de la Marina Mercante Aliada. Las provisiones y el armamento debían ser transportados por mar, y muchas naciones del mundo se aliaron con la Marina Mercante para obtener protección adicional para sus flotas. Gran Bretaña y los países de la Mancomunidad, se unieron con naciones que incluyeron a Rusia, China y Suecia para formar una flota mercante de casi 150.000 miembros.
La Flota Mercante fue la responsable del mantenimiento de las líneas de abastecimiento a través del Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial, y más de 50.000 miembros perecieron en el esfuerzo, sumando casi el 35% del total de los integrantes de la Flota Mercante Aliada.
En la actualidad, las flotas mercantes operan alrededor del mundo, complementando en algunas ocasiones el trabajo de la armada de sus países –las embarcaciones mercantes pueden habitualmente identificarse con las iniciales “M/V” que forman parte del nombre del barco.
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