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| Una clásica estatua griega de Hermafrodita, ahora en el Louvre de París. |
Los escultores de la Antigua Grecia, podían representar perfectamente el cuerpo humano en piedra y bronce. Ya sea en las esculturas de pie hechas para los templos, o en los intrincados bajorrelieves para adornar la arquitectura, el trabajo de la Era Clásica era tan bueno que no fue superado sino hasta el Renacimiento italiano.
La escultura temprana era rígida, a pesar de que escultores como Policleto perfeccionaron las proporciones de la figura del hombre parado. Para mediados del 400 a.C., las esculturas en el Templo de Zeus en Olimpia y el Partenón, exhibían más movimiento y emoción.
Alrededor del 400 a.C. sobrevino una revolución, cuando la nueva técnica de metal fundido, permitió a los escultores elaborar figuras huecas de bronce, con musculatura, cabellos y ropas más elaboradas de las que había permitido el metal sólido.
Curiosamente, las esculturas eran pintadas en colores brillantes para que resaltaran desde la distancia. Muy pocas esculturas griegas sobreviven, a pesar de que hoy las conocemos por posteriores copias romanas.
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