| DATO CURIOSO |
| Los curacas ofrecían al Inca una hija o una hermana, como esposa secundaria. |
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Los curacas constituían la nobleza local, algunos con ancestros más antiguos que los mismos emperadores. Una vez conquistadas sus comunidades por los incas, accedieron a incorporarse en la estructura imperial, a cambio de conservar parte de sus privilegios. Dentro de estas prerrogativas, se encontraba el derecho a cobrar tributo a los miembros de su comunidad.
Para asegurarse su fidelidad, el Estado obligaba a cada nuevo curaca que accedía al mando, a manifestar su adhesión al Inca, y a enviar a su hijo y sucesor a Cuzco para educarse. Allí recibía la enseñanza de la lengua quechua, de la religión oficial y de las costumbres del Imperio.
Los curacas ofrecían frecuentemente al Emperador, una hija o una hermana como esposa secundaria, y obtenían de él mujeres y servidores. Esta práctica reforzaba aún más la alianza entre ellos. Tenían obligación de peregrinar cada año a la ciudad capital para ofrecer parte de los bienes producidos.
Todo curaca dependía de los jefes de provincia y tenía una “segunda persona”, como la llamaron los españoles, con menor poder. Su nombre era huatunruna y se encargaba de tratar directamente con el pueblo.
Los curacas no se casaban con los demás miembros del ayllu sino que formaban, dentro de él, un grupo privilegiado de principales, enlazados con otras familias curacales de la provincia o del mismo Cuzco.
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