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| Dentro de la sociedad Inca había grupos privilegiados y otros subordinados a ellos. |
Los nobles fueron llamados por los españoles “orejones”. Esto se debió a la impresión que le causaron sus enormes orejas, ampliadas por los grandes pendientes que usaban.
Los “orejones” se educaban en escuelas especiales durante cuatro años. Cursaban lengua quechua, religión, quipus, historia, geometría, geografía y astronomía. Al terminar los estudios eran graduados en una ceremonia solemne, en la cual demostraban su preparación superando algunas pruebas.
Se los vestía de blanco y se los reunía en la plaza de Cuzco. Todos los candidatos llevaban cortados los cabellos y tenían la cabeza rodeada de un llautu negro con plumas. Tras unas plegarias al Sol, la Luna y el Trueno, subían a la colina de Huanacaui, donde guardaban ayuno, participaban de competencias y bailaban.
Más tarde, pasaban a la presencia del Inca quien les entregaba unos pantalones ajustados, una diadema de plumas y un pectoral de metal. Finalmente les perforaba personalmente las orejas con una aguja de oro, para que pudieran usar sus característicos pendientes, signo de su categoría.
Los “orejones” tenían numerosos privilegios, entre ellos los de poseer tierras y ser polígamos. A menudo recibían regalos del monarca, tales como mujeres, llamas, objetos preciosos, permisos para ir en andas o utilizar un trono.
Constituían el funcionariado del Imperio. En primer lugar se encontraban los cuatro apu, o administradores de las cuatro partes del Imperio, que asesoraban directamente al Emperador. Por debajo de ellos estaban los tucricues, o gobernadores de las provincias, que residían en sus capitales, y eran periódicamente inspeccionados.
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