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Las crónicas anónimas del Chilam Balam incluyen la descripción y la explicación maya de las causas de la conquista y la derrota. Según ellos, todo habría sucedido porque perdieron la capacidad de comunicarse con los dioses. Una vez más, la suerte de los hombres se libraba en una dimensión cósmica, de la cual habían perdido todo el control.
Si los mayas y los otros pueblos americanos sabían perfectamente a qué debían atenerse con sus aliados y enemigos tradicionales, la identidad y el comportamiento de los europeos les eran completamente desconocidos.
Los sofisticados sistemas de información que poseían estas sociedades fracasaron por completo ante el desconcierto. Ello aceleró la derrota ante los invasores que estaban en inferioridad numérica. Aunque los presagios fueron inventados posteriormente, la llegada de los españoles estuvo precedida de señales que anunciaban su victoria. Las profecías tuvieron un efecto paralizador y disminuyeron la capacidad de resistencia ante los invasores.
Las grandes civilizaciones originarias del continente americano tuvieron interpretaciones diferentes acerca del carácter divino de los conquistadores. Los incas no lo dudaron, se trataba de dioses. Los aztecas lo creyeron al principio. Ante la pregunta, los mayas respondieron negativamente, considerando a los españoles como meros “extranjeros”, “barbudos”, o a lo sumo “poderosos”, pero nunca dioses. Tzvetan Todorov agrega que los llamaban “comedores de anonas”, el fruto de un árbol que ellos no acostumbraban a consumir.
Los Anales de los Cakchichiqueles muestran las dudas iniciales de algunos grupos mayas de Guatemala, rápidamente dejadas de lado. Conforme a Todorov, los españoles fueron vistos en lo fundamental como seres humanos.
Los mayas fueron la única de las tres civilizaciones que había padecido una invasión previa. Las crónicas circulares de los mayas, quienes veían todo hecho como una repetición de otro anterior, se limitaron a reemplazar la mención de los ataques toltecas por los españoles.
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