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Hacia el final de la República, los templos bordeaban la Vía Sacra (vía sagrada) de Roma, donde se hacían las procesiones triunfales.
La mayoría de los templos durante esta era seguían el estilo jónico pero, a diferencia de los templos griegos que estaban abiertos en todos los costados, los templos romanos tenían una entrada escalonada y provista de un pórtico, solamente en el frente.
Durante el Imperio fueron construidos pocos templos, a pesar de que el Panteón en Roma fue una excepción notable. El Panteón (o templo dedicado a todos los dioses) que sigue en pie hasta nuestros días, es el tercero edificado sobre el mismo sitio; fue construido por el Emperador Adriano alrededor del año 120 d.C., pero dedicado a Agrippa quien construyó el templo al cual este sustituyó.
La característica principal del Panteón es una cúpula gigante hecha de ladrillos y concreto. Con sus 43 mts. de diámetro y 43 mts. de altura, fue en su tiempo la cúpula más grande del mundo.
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