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Los romanos comían poca carne, exceptuando en los banquetes, y una dieta promedio consistía en pan y legumbres con algo de queso, higos, aceitunas, carne y nueces.
El desayuno, si lo había, era un pequeño pan con miel y queso o fruta. El almuerzo consistía simplemente en pan y queso. La comida principal era a la tardecita o por la noche y podía durar hasta cinco horas si había invitados.
Los ricos tomaban vino con todas las comidas, a menudo endulzado con miel, mientras que los pobres tomaban vinagre y agua.
Los platos para los banquetes podían ser muy exóticos e incluían lirón relleno, flamingo y zorzales. Los romanos amaban sazonar su comida con pimienta, especias, miel y especialmente con una exótica salsa de pescado llamada garum.
Los invitados a los banquetes reposaban en sofás y se daban atracones –con frecuencia tantos, que debían estar enfermos en un cuarto especial llamado vomitorium, para poder seguir comiendo.
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