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En la Roma primitiva y Republicana, las mujeres no tenían ningún derecho y el paterfamilias tenía literalmente el poder de la vida y la muerte, sobre cada miembro de su casa.
Él establecía las reglas bajo las cuales vivían todos, hasta los hijos adultos. Elegía con quién se casaban sus hijos, si había que dejar vivir o morir a un nuevo infante, y hasta podía matar a su esposa si ella dormía con otro hombre.
Sin embargo, con este poder venían las responsabilidades, y si un miembro de su casa cometía un crimen, él podía ser considerado responsable.
Las cosas cambiaron dramáticamente durante la era Imperial y, hacia finales del Siglo I d.C., las mujeres comenzaron a tener más derechos. Podían ser dueñas de tierras, hacer negocios, liberar esclavos, hacer testamentos, heredar dinero y hasta trabajar en algunas profesiones. El divorcio fue más sencillo y el nuevo matrimonio y la adopción se convirtieron en formas aceptadas para extender la familia.
A través de la historia romana, los ancianos eran respetados y cuidados por sus familias.
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