Como la mayoría de los médicos, mi nueva ginecóloga pasó por la lista de, "bueno, podría ser esto, o podría ser aquello", pero me recomendó que me hiciera una mamografía y que acudiera a un cirujano inmediatamente. Algunas mujeres se volverían locas en ese momento. Pero yo era más del tipo que piensa: "esta es una de esas situaciones en la que van a decirme que es un quiste o algo así". Mi indiferencia fue tal que le pregunté a la doctora sobre la terapia de reemplazo hormonal. Ella me miró como si estuviera loca y muy educadamente, me dijo que no me podía recetar estrógeno hasta que el tema del bulto se hubiera resuelto.
Más tarde, cuando el técnico de la mamografía presionó el cristal sobre la zona en la que se encontraba el bulto, el dolor fue insoportable. Creo que la negación comenzó a desmoronarse en ese momento. Me había hecho una mamografía anteriormente y sabía que no podía doler tanto.
El consultorio del cirujano me pidió que buscara los resultados del laboratorio y los llevara a la cita. Abrí el sobre al llegar al automóvil y leí la interpretación del radiólogo. Las palabras "sospechoso de resultar maligno", me hicieron sudar frío.
Cuando el cirujano me llamó para confirmar los resultados de la biopsia, acababa de llegar a Providence para pasar el fin de semana con mi hijo en la universidad Brown. Íbamos a divertirnos. Le dije que había muchos avances y que muchas mujeres sobrevivían al cáncer de mama en la actualidad. Pero yo no estaba tan segura.
Una vez que la negación desapareció, si me hubieran tirado sobre la camilla para operarme el mismo día que me diagnosticaron, hubiera sido feliz. Mi pensamiento recurrente era: "¡sáquenme esto del cuerpo!"
Durante muchos años me he prometido a mí misma que si tenía una enfermedad seria, no haría tonterías. Fui directamente a uno de los mejores centros de la nación. Pero yo era una madre soltera viviendo en la Florida y mi hija acababa de comenzar el último año de la secundaria. Me hice la mastectomía allí y entré a la sala de operaciones contando chistes, para que mis amigos y miembros de la familia se sintieran más relajados. Más tarde, las noticias iniciales resultaron desalentadoras.