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Munich 1972
Los “Juegos felices” que esperaba el mundo, terminaron en catástrofe.
Se suponía que los Juegos Olímpicos serían una alegre celebración de la Alemania Occidental cosmopolita y moderna. Y así fueron: durante diez días gloriosos, los superlativos Juegos de Verano estuvieron a la altura de las expectativas. Nunca antes tantas naciones ni atletas se habían congregado frente a un público tan diverso. Pero entonces ocurrió lo inesperado.
En la mañana del cinco de septiembre, ocho terroristas palestinos accedieron a la Villa Olímpica, mataron a dos atletas israelíes, y tomaron como rehenes a nueve de sus compañeros de equipo. El ataque a la organización de las Olimpiadas y el rescate caótico intentado por la policía alemana en el aeropuerto de Fürstenfeldbruck, convirtió en pesadilla el final de los juegos.
Fue el comienzo del terrorismo internacional, que cambiaría al mundo para siempre.
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