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El ataque
Durante las primeras horas del 5 de septiembre (4:10 am), ocho jóvenes palestinos que vestían atuendo deportivo y transportaban bolsas completamente repletas de armas, treparon el cerco alambrado de dos metros de altura, cercano a la puerta 25A que rodeaba la Villa Olímpica. Varios trabajadores de telecomunicaciones que se encontraban revisando las líneas telefónicas cercanas, observaron su extraño comportamiento, aunque no sospecharon nada. Simplemente creyeron que los jóvenes eran atletas que regresaban de una larga salida nocturna en la ciudad.
Alrededor de las 4:20 am, los agresores utilizaron una llave duplicada para abrir la puerta de uno de los apartamentos del Nº31 de la calle Conollystrasse, que pertenecía al equipo olímpico israelí. El árbitro israelí de lucha, Yosef Gutfreund, alertado por el ruido y las voces en árabe, advirtió a sus compañeros de equipo, arrojándose posteriormente contra la puerta de entrada. El levantador de pesas, Tuvia Sokolsky, logró escapar a través de una ventana de la parte trasera del edificio, antes de que los palestinos accedieran al apartamento. Cuando el entrenador de lucha, Moshe Weinberg, intentó defenderse, recibió un disparo.
Aproximadamente a las 4:35 am, los agresores tomaron por asalto varios apartamentos más, secuestrando a un total de doce atletas israelíes en el Nº31 de la calle Conollystrasse.
A las 4:50 am, el recién herido Weinberg, el luchador Gad Tsabari y, un poco más tarde, el levantador de pesas, Yossi Romano, intentaron escapar. Tsabari lo hizo a través del sótano. Sus dos compañeros, sin embargo, corrieron menos suerte y fueron asesinados en un granizo de artillería mecánica.
A las 4:55 am, finalmente saltó la voz de alarma en la jefatura de la policía de Willi-Gebhardt-Ufer. Pocos minutos más tarde, la propia policía y el jefe de división de los servicios de seguridad olímpicos llegaron a la escena de la calle Conollystrasse. “¡Contacten al gobierno israelí!” gritó un hombre con la cara tapada, que también vestía una gorra de camuflaje. Se trataba del líder de los agresores, Luttif Afif, más conocido como Issa. Este hombre de 35 años de edad, que había pasado varios años estudiando en Alemania Occidental e incluso había conseguido un trabajo en la Villa Olímpica, hablaba perfectamente alemán.
En un panfleto que dejaron caer desde el balcón, los miembros del grupo terrorista Septiembre Negro {Vincular con el punto 4} exigían la liberación de más de 200 árabes que se encontraban en las cárceles israelíes, así como también la de los alemanes Ulrike Meinhof y Andreas Baader, miembros de la Facción del Ejército Rojo detenidos en la prisión de Stammheim. Si sus condiciones no se cumplían a las 9:00 am, los rehenes serían asesinados.
A las 5:21 am, los Comités Olímpicos Nacional e Internacional y el Ministro de Interior de Bavaria fueron informados. Varias ambulancias fueron también solicitadas. Entonces, los terroristas arrojaron el cuerpo de Moshe Weinberg desde el apartamento. El levantador de pesas Yossi Romano, herido de gravedad en el primer piso, murió desangrado frente a sus compañeros de equipo.
A las 6:40 am, comenzaron las negociaciones en Conollystrasse por parte de Walther Tröger, alcalde de la Villa Olímpica; Willi Daume, presidente del Comité Olímpico Nacional; Manfred Schreiber, Jefe de la Policía; Bruno Merk, Ministro de Interior del Estado de Bavaria; y el jefe de seguridad de los propios juegos. Los terroristas, sin embargo, rechazaron todas las concesiones. Mientras tanto, Hans-Dietrich Genscher, Ministro de Interior nacional, se encontraba de camino a la Villa Olímpica, totalmente acordonada por la policía.
A las 7:40 am llegaron cientos de refuerzos policiales para proporcionar apoyo a las fuerzas de seguridad. {Vincular a “Fuerzas impotentes de la ley y el orden”}
De la noche a la mañana, el pacífico festival de naciones se había convertido en una escena más del conflicto israelí-palestino. Después de haber sido informado por las autoridades alemanas, el gobierno israelí, al mando de su entonces Primera Ministra, Golda Meir, declaró que no negociaría con el grupo terrorista.
9:00 am, 12:00 am, 5:00 pm... transcurría el tiempo y en la Villa Olímpica llegaba un ultimátum después de otro. Los palestinos continuaban negándose a liberar a sus rehenes a cambio de un rescate. Incluso el Ministro Federal de Interior, Genscher, se ofreció a cambio de un rehén, pero los terroristas también rechazaron esta propuesta. A las 3:38 pm, el Presidente del Comité Olímpico Internacional, Brundage, declaró un receso oficial de los juegos, anunciando una ceremonia fúnebre por las dos víctimas que ya habían fallecido.
Las impotentes fuerzas de la ley y el orden
El mundo contenía la respiración el 5 de septiembre de 1972, mientras las fuerzas de seguridad de la entonces Alemania Occidental demostraban su ineficacia. Debido a que los organizadores deseaban que los juegos fueran amistosos y cosmopolitas, intencionadamente mantuvieron la presencia policial apenas visible. Los miembros del personal de seguridad del Parque Olímpico vestían trajes de estilo safari color celeste, y solamente estaban equipados con radios, altavoces y linternas.
El servicio de seguridad, cuya responsabilidad también incluía la Villa Olímpica, tampoco disponía de armas ni de poderes policiales.
Los 2.000 o más “guardaespaldas del buen humor”, simplemente lidiaban con el conflicto de distribuir golosinas, flores y, en ocasiones, a la mascota olímpica, el colorido perro salchicha “Waldi”. Los terroristas no podían haber deseado unos adversarios más fáciles de batir. Antes de los juegos, los encargados de las decisiones más transcendentales, habían clasificado la amenaza del terrorismo como “poco realista”. Todo ello a pesar de las voces de advertencia, que tristemente demostraron estar en lo correcto.
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