El emperador estaba obsesionado con la inmortalidad y tomaba mercurio para prolongar su vida, aunque ello lo condujo a la locura y probablemente aceleró su muerte.
Después de haber sobrevivido a varios intentos de asesinato, nunca dormía en la misma cama más de dos veces.
Un general que se había rebelado en su contra, aceptó cortar su propia cabeza para ser presentada ante el emperador y así aprovechar la oportunidad para asesinarlo.
Más de 500.000 soldados del reino de Chu murieron en el frente de batalla cuando se atrevieron a enfrentar al ejército del emperador.
Era un enemigo acérrimo del Confucionismo, reemplazándolo con una rígida filosofía legalista. Cuatrocientos sesenta eruditos confucianos fueron enterrados vivos después de desafiar su régimen.
Ordenó una de las primeras quemas de libros de la historia, haciendo desaparecer prácticamente todos los escritos de su imperio.