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Benedicto XVI, un Papa que escribe libros y habla por celular
Cuando fue elegido Papa, el 19 de abril de 2005, el cardenal alemán Joseph Ratzinger llevaba más de 23 años trabajando en el Vaticano, por lo que conocía casi mejor que nadie sus secretos.
Uno de sus primeros actos como pontífice número 265, tras adoptar el nombre de Benedicto XVI, fue confirmar a los miembros de la Curia Romana, una suerte de gabinete ministerial. Pero la vida cambió drásticamente para él: tuvo que dejar su antigua casa fuera del Vaticano para instalarse en el tercer piso del Palacio Apostólico, la residencia papal.
Atrás quedaron sus diarias caminatas solitarias entre su despacho en el Vaticano y su casa en la Plaza Cittá Leonina de Roma, donde vivió mientras fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la sucesora de la Santa Inquisición.
Cambio de vida
Ahora vive protegido por la Guardia Suiza, que viste coloridos uniformes del siglo XV, y una escolta lo sigue en todos sus desplazamientos fuera de los 0,44 kilómetros cuadrados de la “Santa Sede”.
Benedicto XVI también modificó la agenda de trabajo de su antecesor, Juan Pablo II, y redujo el número de audiencias, apariciones públicas y viajes, según dijo, para tener más tiempo para leer, escribir, orar y reflexionar. Es que pese a los deberes que asumió como sucesor de San Pedro, no quiso dejar los estudios teológicos, a los que ha dedicado gran parte de su vida.
Su secretario privado, el sacerdote alemán Georg Gänswein, relató en una entrevista con el periódico germano Süddeutsche Zeitung, que la reducción de actividades se debió también a la edad: Benedicto XVI tenía 78 años al comenzar su papado, 20 años más que cuando Juan Pablo II inició el suyo en 1978.
El Papa es asistido en sus tareas por la Curia y una burocracia formada por unos 4.000 religiosos y funcionarios civiles. El Vaticano cuenta con nueve Congregaciones (ministerios), 11 Consejos Pontificios, tres Tribunales y siete Comisiones. Posee también una radioemisora, un canal de televisión, un periódico, una estación de ferrocarriles, un servicio telefónico y uno postal. Además tiene el ejército más chico del planeta, con apenas un centenar de soldados y sólo cuatro oficiales.
El pontífice no sólo es jefe de la Iglesia Católica, sino también jefe de Estado, pues la Santa Sede es formalmente un Estado independiente dentro de la capital de Italia.
Pese a ser el estado más pequeño del mundo, posee uno de los mayores archivos históricos, cuyos orígenes se remontan a los primeros días del Cristianismo, hace unos dos mil años.
Los colaboradores más cercanos a Benedicto XVI son dos secretarios privados (un alemán y un polaco) y cuatro asistentes italianas, encargadas entre otros deberes de mantener en orden sus aposentos y preparar sus alimentos. Entre ellos hablan en italiano, aunque el idioma oficial del Vaticano sigue siendo el latín. Cuando la agenda lo permite, ven juntos los noticieros de la televisión, como una familia, confidenció su secretario.
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