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“Un hombre sabio”
La evidencia arqueológica ha confirmado diversos aspectos relatados en los Evangelios. Así, por ejemplo, se ha verificado que Pilatos tenía su cuartel en un bastión romano al norte de Israel, y se encontraba en Jerusalén con motivo de la Pascua (la fecha en que los judíos celebran su emancipación de Egipto) cuando tuvo que atender el caso de un rebelde al que algunos tildaban de ser el hijo de Dios.
También existen evidencias y relatos sobre Jesús en fuentes no cristianas, como el historiador judío Flavio Josefo, quien escribió que “existió un hombre sabio, llamado Jesús (…) que atrajo a muchos judíos y muchos gentiles” (los no judíos).
Josefo destaca diversas virtudes de Jesús, pero este historiador del siglo I concede una mayor influencia entre la comunidad a Juan Bautista, un predicador que era primo de Jesús, y que oficiaba el rito judío de purificación en el agua, que luego fue adoptado por el cristianismo.
“A Josefo le pareció más importante Juan Bautista que Jesús, porque él era el que bautizaba”, dice Costadoat, doctor en Teología graduado en la Universidad Gregoriana de Roma.
Un fin previsible
El fin que tuvo Jesús era previsible, estiman diversos estudiosos, porque el Imperio Romano era implacable con los rebeldes. “No le valía la pena (a Pilatos) permitir que un provinciano incitara a una rebelión que habría llegado a conocimiento de Roma y daría una mala impresión sobre su administración. Era más fácil deshacerse de él en seguida”, dice Helen Bond, historiadora de la Universidad de Edimburgo.
Pero con la muerte de Jesús no se cumplieron los fines que perseguían sus verdugos, pues sus seguidores siguieron creciendo sostenidamente hasta convertirse en un gran movimiento dentro del Imperio e incluso llegar a ser su religión oficial.
Las sangrientas persecuciones de emperadores como Nerón no detuvieron la expansión del cristianismo, que sobrevivió a la caída de Roma y que, 2.000 años después, sigue creciendo. Actualmente, una de cada tres personas en el mundo es cristiana.
“Creo que en un mundo tan materialista, a los jóvenes les conmueve mucho la gratuidad de Jesús. El sana, predica, se entrega sin esperar nada a cambio”, dice el sacerdote chileno Antonio Delfau. “Creo que su denuncia de la instrumentalización de la religión para acumular poder, contra la hipocresía en el cumplimiento de normas, sus feroces ataques a los 'religiosos' de su tiempo también cautiva a los jóvenes”.
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