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Santidad en el Siglo XXI
El largo camino a la santidad
Es un mediodía otoñal de 2005 y la Plaza de San Pedro está llena de feligreses llegados al Vaticano desde todas partes del mundo. Numerosas banderas tricolores delatan la masiva presencia de chilenos. En el altar, el papa Benedicto XVI está rodeado de obispos latinoamericanos. Por los altavoces, se proclama ante el mundo que el sacerdote chileno Alberto Hurtado es un nuevo santo de la Iglesia Católica. En el siglo XXI, las ceremonias de canonización siguen siendo frecuentes y continúan atrayendo multitudes. Los orígenes del ritual se remontan a los comienzos del Cristianismo, cuando los fieles de esta nueva religión surgida en Judea eran perseguidos por el Imperio Romano. En aquellos primeros años, las canonizaciones eran un rito reservado y casi clandestino, a cargo del obispo del lugar. Sólo asistía un puñado de seguidores de un “Mesías” crucificado en Jerusalén, cuyas enseñanzas cambiaron la historia de la humanidad. Dos mil años después de la pasión y muerte de Jesús, los santos siguen siendo muy venerados. Existen aproximadamente 30.000 santos para cerca de mil millones de católicos. El proceso de canonización es ahora mucho más complejo que en los primeros tiempos del Cristianismo pero la devoción parece mantenerse inalterada. El proceso
En los inicios, la iglesia declaraba santos a aquellos ya venerados y propuestos por la propia sociedad cristiana. Pero a fines del siglo XI, el proceso cambió y se redujo a una elite. Únicamente el Papa podía promulgar a los santos. “En un principio y durante años, los santos eran europeos. Eran muy pocos los santos que no fueran europeos”, explica el Cardenal José Savaira Martins, prefecto de la Congregación para las Causa de los Santos. La Congregación para las Causa de los Santos fue creada en 1588. Fue la entidad encargada de burocratizar el proceso, hasta que Juan Pablo II lo abrió y masificó. Entre otras cosas, a fines del siglo XX, la postulación de un santo podía comenzar tan sólo cinco años después de su muerte. Sin embargo, el proceso mantuvo su esencia desde el siglo XVI. Para llegar a la santidad, un candidato debe pasar antes por tres etapas. Primero el aspirante debe ser declarado “siervo de Dios” en su lugar de origen. Luego, ser considerado “venerable”. Y finalmente, si el Vaticano decide que éste intercedió para concretar un milagro, podrá ser “beatificado” antes de llegar a la canonización o santidad.
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