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El Kurks se hundió el 12 de agosto de 2000, durante un ejercicio de entrenamiento en el mar de Barent. Los 118 tripulantes se perdieron.
Dos enormes explosiones desgarraron el casco y, a pesar de que la mayoría de la tripulación murió, al menos 23 hombres sobrevivieron por algún tiempo.
Debido a los cortes de presupuesto de la flota rusa, los vehículos de rescate y de búsqueda no estaban equipados para ayudar a los supervivientes. Cuando los equipos británicos y noruegos alcanzaron el submarino, toda la tripulación ya había perecido.
Inicialmente, el gobierno ruso sostuvo que un submarino norteamericano había colisionado con el Kursk, y que hasta había sido torpedeado. Más tarde estas afirmaciones resultaron ser infundadas, cuando los científicos que examinaron los restos, determinaron que las explosiones habían ocasionado la falla de los tropedos.
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