BOSQUE DE LOS AUSENTESAbordar el tren cada mañana para ir a Madrid a trabajar o estudiar era una rutina diaria para millares de trabajadores y estudiantes españoles. Por eso pocos se fijaron en lo que acontecía en su entorno ese jueves cuando subieron al convoy número 17305 que se dirigía a la Estación de Atocha.
La de aquel 11 de marzo de 2004 era una mañana agradable en la capital española. No hacía frío, aunque el invierno no había terminado. Sin embargo, pocos prestaron atención a un hombre de tez morena muy abrigado -con gorro de lana y bufanda- quien llevaba una mochila, que luego dejó “olvidada” antes de bajar del tren.
Esa mochila contenía una de las 13 bombas que un grupo de extremistas islamistas plantaron ese día en la red ferroviaria de Madrid, y de las cuales estallaron 10. A partir de las 7:36 de la mañana, activadas por las alarmas de teléfonos celulares, esas bombas desencadenaron una tragedia que los españoles difícilmente olvidarán.
Cuatro de las bombas estallaron en ese tren 17305, cuando éste se encontraba en la calle Téllez, a medio kilómetro de la Estación de Atocha. Un hospital de campaña fue instalado para socorrer a las víctimas en unas instalaciones deportivas próximas al lugar de la explosión.
Las bombas detonaron sincronizadamente en cuatro trenes escogidos como blanco, con menos de cuatro minutos de diferencia entre el primer y último estallido, dejando una estela de muertos y heridos.