La multitud entró en pánico. La gente gritaba y corría sin rumbo. Algunos caían en el camino. Es difícil distinguir quiénes murieron por los disparos y quiénes fueron arrasados por la estampida. Todo estaba siendo registrado por las cámaras de televisión, menos lo que ocurría dentro del edificio Chihuahua, en donde estaban apostados los líderes estudiantiles.
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