El ingeniero de cohetes Wernher von Braun ya había escrito una serie de artículos en la revista Collier’s Weekly, fomentando la posibilidad de 10 naves espaciales, cada una tripulada por 70 astronautas, viajando a Marte para la época en que su cohete Saturn V envió a la tripulación del Apollo 11 a la Luna.
Von Braun pretendía que su visión fuera la fase siguiente del ya exitoso programa espacial tripulado de la NASA. Sus ambiciosos planes iniciales fueron modificados, incorporando únicamente a 12 astronautas viajando a Marte en naves gemelas.
Esta pequeña misión incluía un vehículo orbital, un cohete de tres fases con propulsión nuclear y alas tipo delta; y un módulo de excursión reutilizable para explorar la superficie del planeta.
La prueba fue planeada para dar comienzo en 1978, con el primer aterrizaje previsto en Marte en 1982. La misión recibió el apoyo de la NASA cuando el Grupo de Tareas Espaciales presentó su informe final en septiembre de 1969, recomendando todo el proyecto.
Pero los albores de la década de 1970 vivieron los peores momentos del programa espacial.
La idea de que el erario nacional gastara en diez años un estimado de 78,2 billones de dólares en una estación espacial, una base lunar, la exploración a Marte y un transbordador espacial, no fue recibida con la misma euforia que el primer alunizaje. Largos recorridos de vuelos tripulados no consiguieron captar la imaginación del público.
Todo esto unido a las imágenes en blanco y negro de un planeta desolado cubierto de polvo, emitidas por la sonda espacial Mariner 4, consiguió que el apoyo del público se alejara totalmente.
