Durante 50 años, la NASA sometió a sus astronautas a verdaderas sesiones de tortura con el objetivo de entrenarlos para el espacio. Desde atarlos a centrifugadoras y girarlos sin parar hasta desmayarse (por los efectos de las fuerzas gravitacionales extremas), a obligarlos a bucear a más de 7.000 metros en el denominado “cometa del vómito”, para experimentar la ausencia de peso. También eran los encargados de reparar partes ficticias del transbordador espacial permaneciendo sumergidos ocho horas debajo del agua en el Laboratorio de Fluctuabilidad Neutra del Centro Espacial Lyndon B. Johnson (JSC). Sólo una persona extraordinaria puede convertirse en un astronauta.
La NASA es altamente selectiva a la hora de escoger a los candidatos para los viajes espaciales. Desde los tiempos del Mercury Seven, cuyos astronautas fueron elegidos en 1959 para ir por primera vez al espacio, más de 41.000 personas presentaron su candidatura para convertirse en astronautas. Tan sólo 321 de ellas fueron seleccionadas. Afortunadamente para los candidatos modernos, el programa de entrenamiento ha cambiado mucho durante los últimos 50 años.
Ya no se consideran requisitos fundamentales ser hombre, con edad comprendida entre los 25 y los 40 años, tener menos de 1,60 metros de altura, poseer un título superior y haber ejercido como piloto de pruebas de la Fuerza Aérea con al menos tres años de experiencia. Actualmente, las mujeres también se pueden inscribir. Y varios profesores y científicos ya han participado de los entrenamientos, al lado de candidatos de formación militar.
EEUU (En Español)
