Oculto en las profundas aguas del Mar de Bering se esconde uno de los tesoros más codiciados del mundo: el sumamente lucrativo cangrejo rey de Alaska. Cada año, una flota de 250 embarcaciones llega hasta este lugar a la espera de la temporada oficial de pesca, la apertura de una veda que puede durar entre cuatro y doce días.

Los pescadores desconocen el tiempo del que dispondrán para realizar su tarea hasta que una voz representando a la Autoridad de Pesca y Vida Salvaje de Alaska, anuncia el comienzo y el final de la carrera a través de la radio. Esta incertidumbre provoca que las tripulaciones organicen turnos de trabajo de hasta veinte horas en condiciones climatológicas extremas, expuestos a los elementos en una cubierta totalmente helada.

La hostigada y agotada tripulación persigue un único objetivo: capturar el mayor número posible de cangrejos hasta el momento en el que la temporada se de por finalizada. Pero… ¿Por qué estos hombres arriesgan sus vidas? Quizás sea porque la pesca del cangrejo en el Mar de Bering es considerada una especie de “fiebre del oro” en alta mar. En un buen año un experimentado marinero de cubierta, que ha trabajado un período de ocho semanas, puede llevar a su casa hasta 50.000 dólares. Pero la posibilidad de obtener dinero rápido puede acarrear trágicas consecuencias: dedos aplastados, amputaciones en las manos, costillas y pies rotos y hombres caídos por la borda. Son los riesgos de un trabajo en el que la muerte es más frecuente que en cualquier otra ocupación del mundo.