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Discovery Channel

Ep.1

 (DCI)

Durante el verano del Ártico, aproximadamente cinco millones de kilómetros de hielo marino comienzan a derretirse rápidamente. Para los osos polares, amos del hielo, este cambio en el hábitat amenaza su supervivencia. Para otros, sin embargo, como por ejemplo los zorros árticos, las ballenas beluga, los escurridizos narvales y las inmensas bandadas de aves, este verano corto transforma al Ártico en uno de los lugares más ricos de la Tierra.

El equipo de Planeta Vivo captura el mayor cambio estacional del planeta, durante un año en el cual el gran deshielo fue el más grande jamás registrado. El hielo marino nunca se había retirado tanto o tan rápidamente. Durante el verano del año 2007, desapareció la asombrosa cantidad de 645.000 kilómetros cuadrados de hielo adicional. A este ritmo, se predice que el verano en el Ártico podría quedarse sin hielo entre los próximos 20 a 50 años.

A medida que la temperatura aumenta, las cámaras siguen a una mamá de oso polar y a su cachorro, realizando su primer recorrido por el hielo marino en busca de su presa favorita: la foca ocelada. Mientras el cachorro tan sólo desea jugar, la madre se toma el asunto muy seriamente.

El deshielo continúa y las presas escasean. En la bahía de Hudson, Canadá, los osos se reúnen esperando a que el mar se hiele nuevamente. En una dramática secuencia, dos machos de 400 kilos ajustan cuentas entre sí. Algunos de los ejemplares de osos no han conseguido alimentarse durante todo el deshielo. Se encuentran en la mitad de su peso corporal, habiendo perdido hasta un kilogramo por día.

Utilizando cámaras aéreas, se filman por primera vez grupos de ballenas árticas, mientras se dirigen hacia los campos de alimentación del norte. El viaje de las ballenas resulta muy arriesgado debido a que avanzan a través de grietas gigantes del hielo. Si el hielo se cierra sobre ellas, podrían ahogarse.

Las ballenas beluga proporcionan uno de los espectáculos más extraños del verano. Cientos de ellas se reúnen en zonas poco profundas del río para frotarse contra guijarros suaves. Esta exfoliación les permite mudar su piel.

Desde los escarpados nidos de los acantilados, los polluelos de arao emprenden sus primeros vuelos hacia el mar, trescientos metros más abajo. Con un verano tan corto, deben regresar al sur antes de que se vuelva a helar. Sin embargo, las alas de los pichones son cortas y están poco desarrolladas para volar. Algunos de ellos intentan planear para alcanzar la seguridad relativa del mar, pero otros muchos no logran su objetivo. Esta situación supone una ventaja para la familia del zorro ártico, que los espera más abajo totalmente hambrienta.

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